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CHAVES

Olhares sobre o "Reino Maravilhoso"

22
Out10

Discursos Sobre a Cidade - por Fe Alvarez

.

Texto de Fe Alvarez

 

 

La casa en las afuera de la ciudad era humilde, al lado tenía su gallinero con sus gallinas y un garboso gallo, para poder reponer nuevas generaciones de plumíferos y en una esquinita unos conejos, en sus jaulas, esto era la despensa de carne para los dias señalados; en ella vivian Jacinta y su marido José, los dos casados en segundas nupcias, ella aportó al matrimonio su primer hijo, Joaquín, José por su parte una réplica de si mismo, en nombre y fisionomía y la pequeña Cordelia, que se quedara sin madre a la tierna edad de tres años. Jacinta era una mujer seca de caracter y de figura, al menos de aquella, despés con los años vinieron las carnes y los hijos también hubo otros cambios tanto en su aspecto como en su caracter; ella hacía la casa, cosía haciendo ropa para los pequeños, tejía y trabajaba una pequeña huerta, que con los animales de corral, contribuian para estirar un poco el exiguo salario de José, este salía por la mañana, llevaba la comida en una fiambrera de aluminio, que comprarn en Feces, como trabajaba lejos hacía una comida fuera de casa, para no perder tiempo a la hora de la comida y regresaba al final del día, era un hombre fuerte que con 26 años se encontró con dos pequeños a su cargo y sin su compañera que con 24 años y en el último parto perdiera la vida, juntamente con otras dos criaturas. Conocía a Jacinta de toda la vida, crecieran hermanados, pues las casas de sus progenitores eran pegadas y se creía que también eran familiares lejanos, por eso hablaron de lo humano y lo divino y así llegaron al acuerdo de unir sus desgracias personales y así ampararse el uno al otro. La casa tenía dos habitaciones una para el matrimonio y otra para los pequeños, los niños dormian juntos en la misma cama y Cordelia en una cama cuna heredada de su abuela. También había un comedor, que sin grandes pretensiones servía igualemte como recibidor de las raras visitas, Jacinta le colgara unas cortinas de cretona, floridas, que comprara en la Feria de Los Santos  y confeccionara con mucha arte y le daban un aire festivo a la división, los muebles eran todos heredados, solo se permitieran comprar un sofá, usado, al que le puso unos cojines haciendo juego con las cortinas.

 

Joaquín, el mayor, era un muchacho serio, algo taciturno, que con la sorpresa de tener dos hermanos de golpe, se volvió algo más juguetón y alegre, su compañero de correrias era el pequeño José (Josín) un trasto imaginativo, inquieto y avispado, pero el ojito derecho de Joaquín era la pequeña Cordelia, para ella eran todas sus atenciones y mimos, naturalmente la nena correspondía a estas atenciones dedicándole una devoción absoluta, cuando Joaquín no estaba en la escuela, Cordelia era su sombra y él se sentía como un caballero andante defendiendo la debilidad de una damisela, hubo días en que el enfrentamiento entre Joaquín y Josín tenía por parte de aquel, una defensa a ultranza de la pequeña, no consentía que su hermano hiciese valer sus derechos de hermano mayor.

 

Los dias se arrastraban con la lentitud propia de la niñez, ya terminara el frío del invierno y la primavera trajo aquellos dias crecidos, luminosos, coloreados,  que invitaban a jugar fuera de casa, era maravilloso, había tantas cosas para descubrir, las ranas saltando en las charcas, los pajaros con sus acelerados cortejos, algunos conejos que no se dejaban coger.Ya habría grillos? Joaquín hiciera una jaula para regalársela a Cordelia, para que tuviese un animalito de compañía, pues el perro Tritón era suyo, a ese no pensaba compartirlo con nadie; en esos dias de juegos, corridas y risas, los ojos de los niños brillaban con los descubrimientos cotidianos,  todo era nuevo y digno de acaparar su atención, la inocencia y la ignorancia los arrastraban a una felicidad continua.

 

- Josín, si quieres iremos al bosque, te enseñaré un nido en el olmo.

 

- Solo iré si Cordelia no va.

 

- Bueno hoy se quedará con mamá, pero otro día la llevamos.

 

- No quiero! que ella molesta.

 

- Se hará lo que yo diga! soy el mayor, ya sabes si piensas así, no iremos ninguno.

 

- Bueeeno.

 

Un buen día llegó montado en su pollino un señor,  con un defecto en un pie, cuando los niños le nombraron como "pie gordo", Jacinta se enfadó mucho, entonces el mote quedó reforzado, como todo lo prohibido y así se referian a él, naturalmente solo entre ellos; por algo que se escapa a la lógica, el buen señor no cayó en las gracias de los niños, desde el primer momento. Él era un familiar lejano de Jacinta, les regaló una cabra, la leche les gustaba mucho, era buena y abundante, Jacinta hacía queso y algunos postres, también les de vez en cuando el visitante les traía golosinas, pero nada les hacía cambiar de opinión, no les resultaban agradables estas visitas, cuando estaba Jacinta con los niños aun lo soportaban, para reforzar su animadversión, las tardes en que estaba José, las cosas se complicaban, con la madre charlaba y se marchaba más temprano, José y "pie gordo" bebian, discutian y casi siempre terminaba el día malamente y si no había golpes para ellos, menos mal, pero la mayoría de estos dias de bebida descontrolada terminaba con una buena somanta, se iban a la cama doloridos y humillados, creciéndoles el rencor hacia el visitante. Poco a poco brotó la idea de una venganza, la imaginación desbordante de Josín trabajaba y contaba a Joaquín sus descabelladas ideas, claro que esto no se podía comentar mientas Coralia estaba despierta, con su lengua de trapo pondría en peligro los planes, aunque la verdad es que Joaquín con buen juicio se los desbarataba poniendoles defectos y se los iba tirando por tierra, uno tras otro, por ser irrealizables o peligrosos. Después de mucho pensar, desechar, refinar y sopesar decidieron que lo mejor era dejar a "pie gordo" sin medio de transporte.

 

- Oye Joaquín, ya tengo el mejor plan.

 

- Seguro que es otro disparate, pero con la que me llevé ayer, ya no me importa nada. Este hombre tiene pacto con el diablo, consigue sacar lo peor de tu padre, lo malo es que le dio un empujón a mamá, espero que no empiece con ella. Pero cuenta, cuenta.

 

- Verás preparamos una mezcla, fuerte y se la metemos al borrico por el trasero.

 

- Ya sabía yo que sería un disparate! Además es una borrica.

 

-  Pues mejor, así si no entra por un lado irá por el otro. Mira lo tengo bien estudiado, primero la atamos bien corto contra la pared del patio, allí donde la piedra negra.

 

- Y después, te montas en él y le levantas el rabo!? ja ja ja

 

- No, en esto entramos todos.

 

- TODOS? Para que todos tengamos que aguantar el castigo, aquello de... mal de muchos, consuelo de tontos.

 

- Sí, todos, si no metemos a Cordelia en el lio hablará, después de convencida, le metemos miedo para que no hable.

 

- Qué peligro!!!...

 

- Nada, eres un caguica, eso no es de hombres.

 

- Síiii... habló el macho, no te fastidia!

 

- O me ayudas o le cuento a todos tu falta de valentía, a todooooos, incluyendo a quién yo sé, ja ja ja.

 

- No llegaremos a eso, ya estoy harto de esta situación.

 

- Sabía que no me fallarias; como te iba diciendo, después de bien atada, ponemos a Cordelia sobre el muro con el rabo del rucio en las manos. Bién situada, allí donde hace aquél entrante, tu y yo con un puñado cada uno, decimos uno, dos y tres y casi al mismo tiempo se lo ponemos en el mismo ojete... o donde sea, después toca a corrida, llevándonos a Cordelia, huiremos al bosque y volveremos, con piñas que ya habremos preparado, fingiendo que llevabamos allí mucho tiempo, entiendes? y sin saber nada de lo que pasó

 

- Pero donde encuentras esas ideas? Hay un fallo, tenemos que ver lo que pasa después.

 

- Lo del bosque es un paripé, escondidos vigilaremos, cuando salga "pie gordo" volveremos con las piñas y cara de no haber roto un plato.

 

- Él volverá el viernes, se lo oí decir.

 

- Pues el viernes será nuestro día, tienes que hablar tú con Cordelia, si se lo digo yo, sé que saldrá todo mal, a tí te respeta y te quiere mucho, hará todo lo que tú le digas

 

- Sí será lo mejor, que si lo llegan a descubrir se nos cae el pelo.

 

Los días, se arrastraron perezosos, lentos, pesados, los muchachos, repasaban una y otra vez el plan, Cordelia ya estaba aleccionada y acató todas las órdenes dadas por Joaquín, sabía que no podría decirselo a nadie o sería su ídolo el perjudicado y ella no quería eso, estaba tan concentrada en el silencio que pensaban que estaba enferma. Llegado el día, esperaron unos cinco minutos, cuando vieron que la conversación estaba animada entraron en acción, Josín ya había preparado el mejunje de antemano, sal gruesa, pimienta molida, vinagre y un poco de aceite. Ataron corto al pobre animal, Cordelia bien situada sobre el muro y detrás de un mogote con el rabo en la mano y

 

- Una, dos y tres.

 

Zas! casi al unisono dieron un puñetazo con la mano llena de la "medicina", aquello entró y se desparramó por fuera, arrancaron a Cordelia de su púlpito, Joaquín corrió con ella en brazos, con todas sus fuerzas, sabía que podría irle la vida en ello, Josín nunca corriera como aquél día, los pies mal tocaban el suelo, llegaron al escondite, bastante cerca, para poder observar y suficientemente lejos para no ser vistos, el animal se levantara sobre sus cuartos traseros y lanzando un alarido casi humano, se impulsó con tal fuerza que arrancó la cuerda que lo retenía, corrió como alma que lleva el diablo, cuesta arriba, los crios pensaron que llegaría a volar, vieron a Jacinta y a "pie gordo" haciendo aspavientos, que naturalmente de nada sirvieron, aquel animal nada lograría detenerlo. Lavaron las manos en un riachuelo y cuando aparecieron en la escena del crimen habian recompuesto su gesto y presentaban una carita angelical, que ni el mejor sabueso dudaría de su inocencia, además las piñas probaban que estuvieran en el bosque cercano. El pobre "pie gordo" tuvo que alquilar un taxi y solo volvió tres meses mas tarde, contando que la borrica apareciera varios dias después de la huida, desmejorada, flaca y medrosa y ahora después de bien cuidada y recuperada, decidiera volver, pero comprobó con estupor que la muy necia se negaba a pasar de la casa del  "Galego" pasara allí tiempo perdido para que diese un paso mas, nada era imposible, así que no podría venir tan a menudo, que aun había un buen trecho y que ya se sabe, le costaba mucho esfuerzo.

 

- Mira Jacinta, lo siento pero ya sabes de mis dificultades para caminar, creo que algo la asustó, una serpiente, un perro grande, la picaría un alacrán, ya no sé que pensar, sigue muy asustada, el miedo la paraliza.

 

Pasados los años, la pequeña Cordelia, se reía cuando lo contaba, ella guardara el secreto como un tesoro, nunca los mayores supieron ni desconfiaron nada, ella calló sabía que podría perjudicar gravemente a Joaquín y eso no lo querría, por nada de este mundo, pero también sentía una punzada de culpa, lograran lo que se propusieran pero ella, en lo más profundo de su ser, lamentaba haber lastimado al inocente animal y añadió para terminar.

 

- Fue una locura, una temeridad!

 


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