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CHAVES

Olhares sobre a cidade de Chaves

Discursos Sobre a Cidade

09.05.08 | Fer.Ribeiro

 

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MEMORIAS DESDE UNA VENTANA

 

 

Texto de Fe Alvarez

 

 

(Aquello que queda en el olvido, es como si nunca hubiese ocurrido)

 

 

Hace unos treinta y pocos años, Chaves era una ciudad que vivía, mucho más que hoy en día, de cara a la calle, la convivencia el roce humano se sentía  más cálido, casi más familiar, y con el roce naturalmente brotan las chispas, aunque no siempre se puede decir que estas situaciones fuesen completamente negativas, si sopesamos los prós y los contras creo que la balanza se inclinaría alegremente hacia lo positivo, nos conocíamos y nos identificábamos como un grupo, o un clan, como  en otros tiempos lejanos; naturalmente la proximidad de las casas, separadas por calles estrechas fomentaba esta convivencia, (hoy el centro está casi deshabitado)  esa gran familiaridad se disipó con el tiempo y el cambio de costumbres. Pero no pretendo contar aquí los líos de vecinos, que muchas veces servían de "teatro", (que no había, ni hay en la ciudad) para aquellos que no estaban  metidos en el meollo del problema y se oía decir después de los primeros gritos: Hay circo!

 

De aquellos días, en realidad no tán lejanos, entresaqué algunos  acontecimientos, que espero relatar fidedignamente y como es  natural, según mis vivencias y mi punto de vista y sin haber ocurrido en ese orden.

 

Una de esas vivencias fué causada, por problemas generados por el futbol, cualquier cosa de subir o bajar de división, creo, no soy seguidora. El pueblo de Chaves, pareció adherir fervorosamente a una mini revolución, cortaron la carretera, se enarbolaron banderas españolas,algunos gritaban : "Do Marão para cá mandam os que cá estão" (o algo parecido); y que se va esperar de una situación semejante? con este panorama y como era de preveer, vino la policia de choque de Vila Real, y ahí hubo leña para todo aquel que tenía la mala suerte de cruzarse en su camino, fuesen adeptos del Deportivo o no, se oían gritos, corridas e insultos, y en la Rua Direita, le tocó pagar el pato a quien no tenía idea  ni de los problemas generados por el futbol, ni remotamente de lo que se estaba cociendo por las calles, "O Serginho" un infeliz, entrañable, sin luces, carente de muchos atributos que lo pudiesen haber alertado del peligro, las susodichas fuerzas del orden se cebaron en él, le dieron unos contundentes golpes en donde la espalda pierde su digno nombre y en las piernas, el pobre hombre subió como buenamente pudo, las escaleras D. Dinís (de aquella aún no fueran bautizadas) y desde ahí los insultaba: "Urso macaca, macaca, urso, bates-te a mim, fizes-te do doi, urso". No sé si por verguenza o un atisbo de sentido común, lo dejaron con sus infantiles insultos, maltrecho y dolorido, aunque satisfecho por su pueril revelación contra los verdugos.

 

En otra ocasión, cerca de las fiestas Natalícias, se empezaron a oir unas imprecaciones, bastante subidas de tono, al llegar a la  ventana, la situación se presentaba caricata, un buen señor que se había bebido algo más que lo que el buen sentido aconseja, pretendía bajar las escaleras montado en su pollino, el animal no se sentía seguro y se negaba, el hombre erre que erre, le decía: No pienses que eres más burro que yo, bajas por etc.etc y un rosario de lindezas, muy alejadas del buen gusto, y a todo esto,  ya no montaba el lomo, se resbalara hacia el cuello del  cuadrúpedo, amenazando dar con los huesos en el suelo,por momentos parecía que ocurriría algo desagradable, bien para la montura, o bien para el resignado burro, pues no, despues de una hora, saben quién ganó? naturalmente el que era más asno, y ese no fué el de cuatro patas. Una obra prima, para celebrar la Navidad. El buen señor abrió la veda, y después de esto, algún que otro despistado, sobre cuatro ruedas se vió a mitad de las escaleras, no queriendo bajar y no pudiendo subir; creo que el campeón fué un joven, que después de bajar la mitad de las escaleras y oir los ánimos, que en coro le gritaban unos muchachos de su edad, y para no aparecer pusilánime, a ojos de la concurrencia, se lanzó alcanzando la Rua Direita, giró hacia abajo y ala! camino de Porto, donde llegó sin dificultades, según contó la muchachada posteriormente, y eso que en las escaleras quedaron unas buenas manchas de aceite. En otras fiestas, esta vez por Año Nuevo, viniera a visitarme mi hermano, paseando cerca del Tribunal  le  estaba contando estas peripécies, él se reía diciendo que era una exagerada, que todo lo que pudiese haber ocurrido era bajar un escalón, por despiste, al dar la  vuelta  para enveredar por la Rua Alândega Velha. Cuando llegamos a la Rua Direita, había una aglomeración de curiosos, y como  por arte de mágia, allí estaba, para corroborar mi versión, una furgoneta, con una rueda sin apoyo, pareciendo inverosimil que no se siguiese deslizando escaleras abajo.

 

Una de las situaciones, que más me impactaron fué despues del 25 de Abril, de aquella, se sucedían manifestación tras manifestación y nacían partidos  como hongos después de llóver, casi parecía que  tendríamos tantos, como  ideas se le  puedan ocurrir a los seres humanos; con este caldo de cultivo, los enfrentamientos, estallaban sin previo aviso, y por una nimiedad. Y cuando se confunde libertad con libertinaje, peor. En una de esas concentraciones, y sin saber el motivo cuatro individuos empezaron a darle palos a un chico, cayó por tierra el ofendido, sin tener como defenderse, instintivamente adoptó la posición fetal y  los  palos seguían lloviendole por todos los lados, solo que al chocar las armas contra los adoquines, hacían chispas, eran barras de hierro forradas, todos gritamos de impotencia y espanto, entonces un "Hombre", valientemente, se encaró a ellos, rompió el círculo de agresores, los increpó afeándoles la conducta y cogiendo al herido y sin mirar atás lo metió en su comercio, esperando que pasase el tumulto, se serenasen los ánimos enardecidos y se impusiese el sentido común, (aquel que dicen ser el menos común de los sentidos) seguramente salvándolo de una suerte incierta. Entre tanto los "valientes", que ya venían preparados y armados para hacer de las suyas, se retiraron, quizás avergonzados por aquel señor valiente y arriesgado, que para su deshonor y con las manos limpias, les arrancó la maltrecha caza de las manos.

 

Y aquí termino, con estos casos, que no prestenden, ni siquiera sueñan ser  Historia, pero que forman parte de las memorias Flavienses, tanto de quien las vivió en primera persona, como de aquellos que las oyeron contar. Solo añadiré, que nada sé del señor del pollino; el protagonista de la segunda historia, ya no está entre nosotros hace bastante tiempo, y el Hombre valiente, ya retirado, sigue formando parte de esta comunidad, y sigue siendo un Hombre, así con mayúsculas. 

 

Fe Alvarez