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CHAVES

Olhares sobre a cidade de Chaves

Discursos Sobre a Cidade - La heroicidad de un pequeño flaviense

03.10.08 | Fer.Ribeiro

 

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Texto de Fe Alvarez

 

 

 

LA HEROICIDAD DE UN PEQUEÑO FLAVIENSE

 

 

Corría el  año setenta del pasado siglo, cuando aún los niños ocupaban y disfrutaban de su espacio  natural, la calle, allí correteaban, jugaban y se ensuciaban en condiciones y fortalecían cuerpo y mente, con estas tempranas relaciones sociales, de las que en muchos casos, nacian amistades duraderas en el tiempo; los primos, niño y niña, de este relato estaban, digamos, más bien un poco  fuera de lugar por su tierna edad,  la proximidad familiar facilitaba la tolerancia, es decir, aquello de mamá me voy a la casa de la tía, o viciversa y ahí los mocosos podian empezar sus aventuras, libres como los pajarillos, recorriendo lugares, que sabian ser prohibidos y como tal más apetecibles para estos proyectos de gente, es de suponer que día a día las distancias recorridas irian aumentando, la audacia crecería, con la confianza de no ser descubiertos por los siempre incomprensibles mayores, que cortaban sus deseos de aventura y entretenimiento.

 

Aquel día, frío, en una de sus escapadas aventureras, se dirigieron hacia  el Tabolado, jugaron entre árboles, corretearon sin perder un detalle de la naturaleza, se escondieron de algunos paseantes, pocos, que el tiempo no estaba apetecible para esos menesteres, se imaginaron guerreros, cazadores, aventureros y después de  agotar las múltiples alegrías que fornecía  el  entorno, se encaminaron sin dudarlo hacia el rio, ese era otro escenario  que haría hervir sus cabecitas con nuevas y estraordinarias aventuras todas ellas muy excitantes, tiraron algunas piedras al agua, con algazara, para festejar sus hazañas y en cierto momento se fijaron en las lanchitas, que alegría! con rapidez fueron llegando al lugar, bajaron las escaleras de piedra,  cuando estaban intentando meterse en una de las lanchas, la pequeña F. resbala cayendo estrepitosamente al agua, su primo R. no lo duda, después de tanta aventura, tiene que demostrar que es un héroe, sin pensarlo un momento salta con agilidad a la pequeña embarcación e intenta levantar a su prima, nada, la empresa que pretende se presenta imposible para sus pocos años, no desiste, algo le dice que no debe soltarla, se le aferra con todas sus fuerzas a la cabellera, en algunos momentos casi pierde también el equilibrio, como buenamente puede se aferra a la barca, grita desesperado por ayuda, no se calla y no la suelta, el tiempo pasa lentamente en una agonía horrible para nuestros aventureros, el frío ya hacía tiempo que empezaba  a hacer mella en ellos, F. estaba algo azulada y el  miedo la atenazaba, a su primito parecía que por momentos le faltaban las fuerzas, le dolían las manos y la garganta, después de un tiempo que se alargó hasta el infinito, apareció un angel, disfrazado de señora que asustada consiguó poner fin a aquel tormento infantil.

 

A todo esto la familia ya se percatara de la falta de este par de pilluelos y los buscaban afanosamente por los alrededores, sin sospechar que el lugar de la escapada estaba más lejos, ya se prometian castigos ejemplarizantes para los infractores, pero... cuando llegaron con ellos, sanos y salvos y tomaron conocimiento del horror que  podría haber pasado, los castigos, por arte de mágia se volvieron lloros y besos, después de bañados y aseados, durmieron un sueño plácido, estaban agotados. Ni tuvieron tiempo para pesadillas, esas llegarian en dias posteriores

 

No es necesario decir, que no fueron necesarias agrias advertencias, la lección fue  dura, fría y drástica, el aprendizaje, automático, en los días posteriores, no se alejaron de los alrededores  de  la casa familiar, el río no era solo un lugar prohibido, ahora era el escenario de sus miedos.