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CHAVES

Olhares sobre a cidade de Chaves

Discursos Sobre a Cidade, por Fe Alvarez

23.01.09 | Fer.Ribeiro

Texto de Fe Alvarez

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Cuando Jesús de Nazaré pronunció las Bienaventuranzas, puso en primer lugar a los pobres de espíritu, por algo sería. Ya sabemos, que en este grupo hay variedad de elementos y si no obtienen el Reino en el otro barrio, lo disfrutan en este, que no miden las desventuras, como la mayoría de los mortales y por eso sus momentos son más felices, más aprobechados por su inocencia, mucho más que  quién se considera un ser superior, más inteligente, mejor, en el más amplio sentido de la palabra, nos llenamos de nosotros mismos y nos olvidamos que somos seres limitados y sobretodo no recordamos que somos mortales, todos, los pobres de dinero, de belleza, de salud o de espíritu, los ricos en dinero, belleza, inteligencia, o visión, no importa la posición, la capacidad, el dinero, la belleza, la bondad o la inteligencia, nada de eso tiene valor cuando llega la muerte, ella nos hermana a todos, lo demás es superfluo, aunque no lo veamos así.

 

 

 

 

BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU

 

 

El señor Celestino, taxista de profesión, era un ser primario, básico, simple, en fin es nuestro "pobre de espíritu" llevaba una vida sencilla y tranquila, su tiempo discurría entre su trabajo, que no era mucho y su casa, el tiempo fué pasando con sacrificios y luchas, la vida no era facil en la decada de los 60 y como a perro pobre, todo se le vuelven pulgas, aún le hacía falta algo más para coronar su suerte; para que la vida se le pusiese más dificil, su mujer empezó con las molestas cataratas y al final casi no veía, el pobre Celestino se lamentaba, la operación era cara, la mujer casi ciega no rendía en casa como cuando estaba bien de la vista, escuchaba atentamente todos los consejos que le daban, hizo todas las abluciones que le recomendaban, tomó infusiones, pero nada parecía valerle en su aflición, andaba el pobre hombre bastante pesaroso, con el ánimo por los suelos y siempre dispuesto a oir aquel que quisiese darle alguna peregrina solución, bien dicen que la esperanza es lo último que se pierde. También es lícito decir que muchas veces se le veía conformado con su suerte, casi venía a decirnos que acataba los designios Divinos.

 

Un compañero de volante, muy juerguista él, decidió dar una "ayuda" en la desgracia, que nunca falta quien dé una ayudita, para mofa de sabedores, claro que la falta de clientes y el aburrimiento conformaban el modo de vida de estos trabajadores de la automoción pública y cualquier cosa servía para distraerse, aunque fuese a costa del infortunio ajeno; un buen día, Gerónimo, hurdió una estrategia, la  compartió con otros compañeros y dicho y hecho,  después de pulida decidieron hablar con Celestino, que en su buena fe, aun agradecía, estas charadas; lo llaman, Gerónimo es el  artífice de la broma, pero claro necesita público, de no ser así, quién le reiría la gracia.

 

- Hola, muy buenas tardes, Celestino, era con usted que yo necesitaba hablar, naturalmente es cosa que le interesará, digo yo, puede ser que le resuelva el problema de su mujer.

 

- Siendo para bien de mi mujer...sabe Dios que buena falta me hace, bueno, nos hace, diga,diga.

 

- Pues verá, esto tiene que quedar en secreto, un gran secreto, que no le diré si antes no me promete una discreción absoluta.

 

- Soy una tumba, no diré nada a nadie ni siquiera a mi Jacinta. Ay Dios mío, si esto sale bien!

 

- Lo veo muy excitado, salga bien o salga mal, el secreto se mantiene.

 

- Tiene mi palabra, que me muera si no la cumplo.

 

- Pues verá Celestino, tengo allá en casa, un sapo gandarés, es como sabe, un sapo con poderes mágicos, por eso no quiero que se sepa.

 

- Siga, siga Gerónimo, ya estoy con buenos presentimientos.

 

- Pues bien como le estaba contando, al  bicho lo tengo con los ojos cosidos, deve ser así, su mirada es muy fuerte y no  hay humano que resista, aunque sus poderes los tiene intactos, después concertamos día y hora, entonces se dibuja un círculo grande, con un triángulo en el centro, pondremos dos sillas dentro del dibujo, colocaremos Jacinta, mirando al Norte.

 

- Ella no puede mirar al Norte, se olvida que no ve. Ay Dios  mío! Ya empiezan los problemas

 

- Quiero decir con la cara hacia el Norte, frente a ella se sentará usted, cara al Sur, en medio, en el triángulo colocaré al sapo gandarés, a este lo pondré mirando al Este, sabe que es por donde nace el sol y es por ahí que llegará la luz para Jacinta y ahora viene el intríngulis, si el  sapo se  queda quieto, todo permanecerá como está, si el sapo se éncamina hacia su esposa, esta quedará con sus ojos limpios y claros y verá como  cuando tenía 20 años, si el animal camina o salta en su dirección, ella queda curada igualmente de su ceguera pero usted se quedará ciego para siempre. 

 

- NO LO SUELTE! NO SUELTE AL SAPO, NO LO SUELTE, POR FAVOR NO LO SUELTE! NO QUIERO QUEDAR CIEGO.

 

 

Después de comentarios jocosos y juergas sin límite, algunos más se quisieron sumar al folclore y empezaron a preparar una nueva broma al buen señor Celestino, que como siempre caería como buen incauto, que era. Se hizo el proyecto, se añadieron algunos detalles y estos tres elementos frotaron las manos de satisfacción, la bromita prometía unas horas de buena conversación a costa de nuestro pobre de espíritu.

 

El encargado de preparar el terreno, llamó al señor Celestino y con mucho misterio, gestos de complicidad y algo de buen teatro lo puso al corriente con todo lujo de detalle, que sus compinches corroboraron y rubricaron con gestos de ánimo y comprensión.

 

- Mire Celestino, vamos a ver si está claro, decía Anibal, tiene que ser todo como le dije.

 

- Sí, sí, me aprenderé la oración, con pelos y señales.

 

- Entonces estamos de acuerdo, poco antes de las 12 de la noche iremos a buscarlo, mi compadre  Santos, su amigo Abreu y yo, nos dirijiremos hasta la zona del  Lameirão y allí en una encrucijada, se arrodillará, cerrará los ojos, abrirá los brazos en cuz, pedirá protección e iniciará la oración, recuerde que no puede ni deve equivocarse, de ser así las consecuencias serán nefastas.

 

- Ni un fallo, dijo el señor Abreu, ya le dijimos que si se equivoca se le aparecerá el diablo.

 

- Tendré mucho cuidado, dijo Celestino temblando, me va en ello la buena suerte de mi mujer. Me la aprenderé como si me fuese la vida en ello.

 

- Pues veinte minutos antes de las doce, de mañana, esté aquí en el quiosco, que aquí lo esperaremos los tres. Tiene mucho tiempo para aprenderse muy bien, la oración.

 

- Aquí estaré, con la oración aprendida, sin un fallo.

 

Al día siguiente, los tres bromistas ya frotaban las manos esperando por el momento culminante, cada uno se fué a  su casa a  cenar, lo mismo hizo Celestino, que estaba muy nervioso con lo que se avecinaba, en todo momento no cesó de recitar la "oracioncita" que se inventaran, casi un trabalenguas para que se equivocase o al menos así lo pensase.

 

A la hora concertada allí estaban todos, Celestino el  primero.

 

Rapidamente se  metieron en uno de los taxis y siguieron rumbo al Lameirão; la noche estaba bastante oscura, escogieron la encrucijada y allí se puso de rodillas y con sus brazos en cruz Celestino, los otros se escondieron tras una pared, empieza la oración y cuando estaba terminando, sale Abreu de su esconderijo, con una sábana por la cabeza y munido de un troncho de berza y sin miramientos le asesta dos o tres zurriagazos en la  espalda de Celestino, este cae al suelo, gritando.

 

-PERDÓN, PERDÓN SEÑOR DIABLO, LA REPETIRÉ, LA REPETIRÉ BIÉN!

 

Lo ven tan aflijido, tembloroso, como un niño perdido, que salen todos corriendo del escondite, lo  levantan, lo meten en el coche y allí temblando como una vara verde, castañeteándole los dientes por el pavor sufrido, el pobre masculla algo ininteligible, los bromistas temiendose lo  peor, le cuentan la verdad.

 

- Mire Celestino, le dice Abreu, tengo que pedirle  perdón, pero fuí yo que inventó esto, para gastarle una broma.

 

- No, no, no quiera calmarme, yo lo ví perfectamente, debí engañarme en alguna palabra y la tenía tan bien aprendida... fueron los nervios, los malditos nervios.

 

- Que no Celestino, fuí yo, decía el  señor Abreu,

 

- No puede negarme lo que ví, aun lo tengo delante de los ojos,  es horrible de repente salió el diablo, gritaba como una fiera, ustedes tuvieron que oirlo, se me puso todo el pelo de punta y con el rabo me castigó la espalda, lo tiene duro, muy duro, me dolió, pero no me importa, si mi Jacinta recuperase la vista...

 

 

 

BIEN AVENTURADOS LOS POBRES DE ESPIRITU, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS

 

 

 

Epílogo:

 

La Señora Jacinta fué operada un año más tarde, quedó bién, y aun vivieron unos veintitantos años, él soportando estoicamente las ocurrencias, casi siempre preparadas por sus compañeros, ella quejándose de la buena fe de su marido.