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CHAVES

Olhares sobre a cidade de Chaves

Discursos sobre a cidade - Um hospital de andar por casa

27.02.09 | Fer.Ribeiro

 

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Texto de Fe Alvarez

 

 

Corría el año 1974, se había  cumplido el tiempo necesario y la naturaleza apremiaba, era oportuna una visita al Hospital de Chaves; la criatura se mostró muy madrugadora, por eso a las 6,20 de la mañana ya abriera los ojos en una enfermería, de aquellas llamadas, semi-privadas,  bueno ese era el nombre dado, que la cacareada privacidad, tenía seis camas, un tabique en madera y cristal, que no llegaba al techo,  pareciéndose más  a  un  biombo y tras esa división otras dos camas, aquello era normal, hoy no nos parecería tanto, pues bien en aquella enfermería estaban cinco señoras, se supone que no tendrían enfermedades infecto-contagiosas, pues el nuevo ser estaba indefenso como todos los recien nacidos. Los factos sucedieron en esa enfermería.

 

Llegada la hora de las visitas, una señora anciana recibió las suyas con mil  lamurias, gemía, lloraba, se retorcía, en fin, los familiares se marcharon muy compungidos, preocupados y lastimados por la situación, terminadas las visitas la buena señora, se duerme como  un angelito, eso mismo hiciera por la mañana, claro que quién está internado, generalmente se cansa con las visitas, pero lo peor estaba  por llegar, se apagan las  luces,  invitando a las enfermas a enveredar  por los senderos de Morfeo y la buena sañora,  empieza con sus lamentos y gemidos, así nos dieron las tantas de la  madrugada, extenuada  con semejante teatro nos dejó descansar dos o tres horas. A su lado (yo estaba en frente) Doña Isolina, se lamentaba que llevaba tres noches con aquel "fado". Doña Isolina era una señora de aldea, muy elegante, con su cabello blanco, su pose de dignidad, su educación y buenas maneras, que bien podría pasar  por una gentil dama  de  siglos  pasados.

 

Llega  la hora de la visita diaria, con la  convivencia ya nos conociamos y estabamos esperando que llegasen las de la "quejumbrosa" y empezase nuevamente la representación, los hijos lamentándose de la situación, que no  podian  remediar, por eso los informamos que no era verdadero el  tinglado que se montaba, después, se sintió avergonzada y dejó su actitud falsa y teatrera. Doña Isolina comentó que sería de esperar y agradecer que el sentido  común, se prolongase por toda la noche, la quejumbrosa no hablaba, después la  amenazamos que si por la noche volviese a  las andadas la asfisiábamos, drástico verdad? pues  surtió efecto, ni un pio.

 

Cuando el  día  estaba declinando, llegaron con una señora que fué  instalada tras  el  biombo, pasados unos minutos, llegó el núcleo  de la  institución "Sor Amada" era matrona, cuantos flavienses trajo al  mundo! con fama de tener muy malas pulgas,  para mí fué una entrañable cascarrabias, pues bien llegó se dirigió a la  recién llegada y se puso furiosa.

 

- Qué disparate!!! Dios mío, qué disparate!!! Internan un cadaver, después tenemos  la  mala fama  de  matar a los  enfermos...

 

Cuando se preparaba  para  salir de la  enfermería, llega un enfermero.

 

- Sor Amada, me manda el doctor X para hacerle una analítica a una enferma que entró ahora.

 

- Claro, claro, nadamos en dinero y hacemos análisis a los  cadáveres, Qué disparate!

 

- Yo hago lo que me mandan.

 

- Hagalo, que siendo responsabilidad del doctor X, no es culpa  suya, pero sigue siendo  un desatino, un disparate.

 

La tarde siguió lentamente, la señora recién internada, entró en la fase final de la vida, los últimos estertores se oían perfectamente, lo que nos hizo callar a todas. Llega la monja, seguida del doctor X.

 

- Veamos como está la enferma.

 

- Si doctor, vea, vea (Replicó Sor Amada, con rintintín)

 

Hacía un buen rato  que la enferma no hacía ningún ruido, por eso supusimos que se apagara y así era. El doctor  sale muy airado.

 

- Mier.... mier... mier...

 

- Ora essa!!! pape-a mais é o Sr. Doutor.

 

El doctor no hizo ni un solo gesto, siguió su camino, mi vecina de al  lado, increpó a Doña Isolina.

 

 

- Eso no se dice! es el Sr. Doctor.

 

- Pues si es Señor y Doctor,  que se porte como  tal, con la edad que tengo, nadie, pero nadie, osó decir palabrotas  que hiriesen mis oidos.

 

Pero la cosa  no terminara aquí, pasados unos minutos, vuelve la hermana Amada con un camillero.

 

- Sr. Olegario, traiga un compañero y transporten a la fallecida.

 

El camillero entra, y sale con la muerta al hombro, cual saco de patatas,

 

- SR. OLEGARIO!!! HAGA EL  FAVOR DE DEJAR A LA SEÑORA EN LA CAMILLA Y VAYA EN BUSCA DE  QUIEN LE AYUDE, EN EL TRANSPORTE.

 

- No  me hace falta. (Catapún, la tira sin miramientos en la camilla)

 

- SR. OLEGARIO!!! recuerde que tiene que pasar por el vestíbulo, donde están los familiares.

 

- Y qué más dá! ya saben que está  muerta.

 

Y diciendo esto coge nuevamente  la  finada, al hombro, Sor Amada se puso enfrente de la  puerta, llenó su pecho de aire y con cara de verdugo, le soltó un Sr. OLEGARIO!!!! de helar la sangre que hizo titubear al fornido mozo,  inmediatamente soltó de malos modos al pobre cuerpo sobre la  camilla. Salieron y pasado  un buen rato llegaron refuerzos, que se llevaron al vapuleado cadaver, de esta vez, con dignidad y respeto.

 

No hace falta decir, que las  espectadoras nos  quedamos a  cuadros  con el espectáculo  que allí tuvo lugar. Doña  Isolina quería ir al servicio y no se atrevía, la  puerta estaba al lado de la cama, era como  si fuera el cuerpo del delito y para más inri las zapatillas quedaran olvidadas bajo  la  cama. Comentó

 

- No puedo ir, se me encoje el  alma y encima agravado con el trato que le dieron a la fallecida, pobre, menos mal que no le dolería.

 

Al día siguiente volví a casa con un miembro más de la familia y esta experiencia que no  puede olvidarse. Digamos: cosas  del Hospital viejo, sin tecnología, un Hospital de andar por casa, con sus dramas, alegrias y charadas.  Puede no creerse después de este relato-caricatura, pero las carencias se suplian, con muy de buena voluntad, ingenio y bastante cariño. 

 

 

Fe Alvarez

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