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CHAVES

Olhares sobre o "Reino Maravilhoso"

19
Jun09

Discursos Sobre a Cidade - Tú, También vas!, por Fe Alvarez

 

 

Texto de Fe Alvarez

 

 

Ya había amanecido, aunque ella parecía no haberse acostado, sus pasos dubitativos se dirigieron, con un arrastrar de pies, al baño, maquinalmente hizo una higiene superficial, por un momento se miró la imagen que le devolvía el espejo y pensó con tristeza, quién será esa que me mira, parece un cuervo, desgarbado y feo, qué mirada perdida, no debe estar en sí! la comisura de los labios de la desconocida se elevaron levemente como iniciando una macabra sonrisa, por un segundo se reconoció en el gesto y tuvo un leve sobresalto, muy leve, el dolor atroz que aguijoneaba sus entrañas se hizo mas presente, algo mas punzante, expandiéndose en ondas concéntricas, como cuando se tira una piedra al agua y  esto la distrajo de la realidad recobrada por ese mínimo periodo de tiempo, también ayudaba aquella sensación en el pecho, oprimido, medroso, temblando como un pajarillo herido, una garra de hierro frío le apretaba el corazón sin piedad y en esa frialdad o contrastando con ella, el fuego, un fuego que la obligaba a seguir, contra su voluntad, pero lo peor era el laberinto que sentía en su cabeza, no lo reconocía de tiempo atrás, era nuevo, ya estuviera investigando algunas divisiones, que se parecían con un pasado que sabía conocer de antes, de antes de qué? Todo era tan confuso... tan doloroso... era el caos, un caos que por veces,  notaba girando como en un torbellino de sensaciones, inquietantes, reconocidas o absurdas, qué locura!  Decidió ir a la división del puente, se paseó por ella, el agua seguía corriendo, cantarina, o quizás era risueña, sí el agua se reía de ella, no quería oirla!  qué le importaba al agua su vida? después pasó a la contigua, en la otra división del laberinto estaba algo que se parecía con una calle, la rua Direita?  tan verdadera le parecía, que el olfato se activó, el aire le trajo algunos aromas conocidos,los pasteles de la casa Sissi. Hasta tenía sus gentes yendo y viniendo, no obstante estas no eran personas, eran marionetas que alguna mano invisible, quizás cruel, las gobernaba, también me gobernará a mí?  pensó; algunos le hablaban, solo decian bobadas, palabras huecas, nimiedades sin sentido, unos llevaban las caretas de la risa, otros las de la tristeza, aunque en realidad, no eran ni risas ni tristezas, eran una especie de muecas asquerosas, ofensivas, seguro que no son conscientes del papel que representan, también tendré yo un papel? no, no lo creo, de ser así no habría dolor, sería una farsa, y esas no duelen, meditó. Llegó a lo que representaba la iglesia, esta división estaba muy bien conseguida, casi perfecta, rezó a la Señora que comprendía su dolor y la paz se instaló por breves instantes, la Señora era un bálsamo, el tiempo se agotó y volvió sin desearlo a esa calle y a esas gentes, extrañas, dos mujeres la miraron de una forma que no le agradó nada, cuchichearon alguna estupidez, hueca y fría  y ella como en una triste venganza sentenció

 

-TÚ, TAMBIÉN VAS.

 

Las muy tontas se pusieron la máscara de la risa, de qué se reirán?  se dijo para sus adentros, pobres seres insensibles... muñecas de trapo viejo y sucio. Siguió, caminó lentamente hacia lo que era su casa, o lo parecía, allí la intensidad de algo horrible la invadía, casi la ahogaba, era un malestar enfermizo, malsano, si pudiese comprender el meollo de todo esto, pero la cabeza ahora tenía muchas divisiones, quizás al ir recorriéndolas llegase a encontrar la paz, pues le irían contando los secretos que guardaban. La naturaleza reclamaba alimentos, encontró algo en la cocina, comió como una autómata, nada de saborear, solo tenía que tapar el hueco, ni comiendo desaparecía el dolor.

Verdaderamente este laberinto también tenía esta parte que era igual que su casa, o sería la casa de algún sueño pasado? que me importa! masculló con un encoger de hombros, algo impalpable le susurraba que no, que no era igual a nada, era un espejismo; los ruidos de la calle se fueron apagando lentamente, la cabeza cansada le palpitaba, estaría ahora el corazón en la cabeza? tenía entendido que su lugar era en el pecho, tengo que descansar, pensó, abrió la primera puerta que encontró, la que estaba del lado izquierdo. Un fogonazo iluminó el caos de su mente, nada le aclaró, aunque por una milésima le pareció abarcar todo, el dolor, el motivo, la duda, la opresión, el momento fue tan breve que se esfumó en su mente, como el humo de un cigarrillo en un día de viento.

 

-ESTA NO ES MI HABITACIÓN, OH DIOS MíO! AYÚDAME.

 

Y el dolor se intensificó violentamente, la respiración se volvió rápida y entrecortada, el corazón ahora se asemejaba a un caballo desbocado, pudo comprobar que también estaba en el pecho, lo sentía allí, empezó la película, la habitación era de una muchacha, una chica que ya no estaba y que nunca volvería, no se llevó sus cosas, pero su esencia permanecía en el lugar, ella salió corriendo tropezó en sus propios pies, entró al baño, humedeció las sienes palpitantes, a duras penas consiguió retener las arcadas, un sudor frío la inundó y un leve temblor en los labios y en las manos, la alertaron de algo atroz, era como un presentimiento, impalpable, pero tenía la certeza que en breve lo abarcaría

 

-TENGO QUE VOLVER A ESA DIVISIÓN,  AHORA PRESIENTO QUE LA CLAVE DE ESTE MISTERIO ESTÁ EN ESA HABITACIÓN... CREO QUE ME VOLVERÉ LOCA! LOCA DE ATAR.

 

Volvió temblorosa, ya en la puerta, con la mano en el pomo pensó, vendré mañana, hoy estoy tan cansada, que no lograría nada, la puerta de la derecha, la que sigue a la del baño era su habitación, si la cabeza no la traicionaba, muy despacio la empujó , no se había engañado, allí estaba su cama, deshecha, no le importó, solo se quitó los zapatos de unos pies doloridos, creo que tendía que lavármelos pensó, pero no lo hizo, se encogió en la cama, como un animal herido, todo lo desagradable continuaba igual, no parecía tener fin, aquel dolor, el cansancio, el miedo y la zozobra terminaron por vencerla y un sueño lleno de imágenes en tropel siguió castigando el descanso, que tanta falta le hacía.

 

Nuevamente la madrugada la devolvió a aquella realidad absurda, fue consciente que el laberinto seguia en su cabeza, el dolor continuaba implacable mordiendo sus tripas, el desasosiego y la opresión en el pecho, pensé que era una pesadilla, se lamentó. A media mañana encontró fuerzas para atravesar el umbral de aquella puerta, entró con cuidado, lentamente; aquel olor? ella conocía aquel olor, se estremeció, estaba una cama, un armario, una mesita de noche, dos alfombras estampadas, casi hacian juego con las cortinas y con la colcha y mil detalles, no del todo ajenos, pero el olor... aquel aroma mezcla de colonia con un cuerpo joven y lozano, se sentó en la cama, timidamente abrió un cajón, nada, solo cosas personales que tendría cualquier joven, así se prolongó la mitad de la mañana, en el fondo del armario encontró una caja, la abrió y en ese momento su mente se abrió, el impacto doloroso la derrumbó, aquella foto, aquella foto era...era la flor de su vientre, era su niña, la habitación era la de su hija, como no lo había visto antes,como lo había olvidado, dio un alarido, un grito inhumano, de fiera herida y corrió, despavorida, poniendo en la fuga todas sus fuerzas, se adentró más y más en el laberinto, cualquier cosa era más consoladora que aquella realidad amarga, cruel, devoradora. Se instaló muy al fondo y se prometió no volver a salir, hizo un pacto con el dolor,hasta con el miedo, ellos se quedarian más o menos quietos en cuanto ella no abandonase el laberinto profundo volvió a prometer firmemente quedarse por allí. Después de unas horas, quieta, hecha un ovillo, se decidió ir a ver a la Señora, aquella que sabía tener algo en común con ella, pero no podía salir del laberinto para averiguarlo, solo tenía que hablar con ella, lo demás era secundario, cuando iba en el recinto de la rua Direita, con sus caretas asquerosas, se regodeaba en soltarles inopinadamente:

 

-TÚ, TAMBIÉN VAS.

 

No recordaba bien el por qué, pero cada vez que recurría a esa muletilla, se regeneraba y satisfecha la repetía a cada paso, recalcando bien las palabras para que aquellos fantasmas la oyesen y entendiesen el mensaje.

 

Fe Alvarez

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